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Hay un Mundo por Cambiar

Archive for agosto, 2011

Entrevista en VTV: Mesa redonda sobre Redes Sociales

Mesa redonda en el programa Contragolpe de Venezolana de Televisión que dirige la periodista Erika Ortega. El día de hoy se conversó sobre las redes sociales y el uso de estas redes por los movimientos sociales del mundo. Además hoy se celebran los más de dos millones de usuarios que siguen la cuenta del presidente @chavezcandanga. El programa completo lo pueden ver en este enlace.

Zoom a la Noticia: Sobre la legitimidad de la oposición en Libia

 Entrevista en NTN24, jueves 25 de agosto 2011

Un “Hogar Nacional judío” en la histórica Palestina

El auge del nacionalismo europeo durante el siglo XVIII y XIX, que se consolidó con la formación de la nueva comunidad internacional y el intercambio de misiones diplomáticas entre los estados pontificios, para tratar de inhibir los conflictos internos con una diplomacia incipiente y de carácter preventiva, comenzó a despertar y estimular a los distintos pueblos del mundo para buscar su propia independencia de los imperios que los dominaban, proceso que tuvo su correlato en el mundo árabe que comenzó a buscar la independencia y la emancipación del dominio otomano.

Para ello desarrollaron renovadas relaciones con Occidente que, desde la Revolución Francesa, había puesto nuevamente los ojos en el Próximo Oriente por su ubicación estratégica y a sus riquezas naturales, interesándose de sobre manera en la destrucción del Imperio que en estas condiciones aparecía como el enemigo común a quien destruir.

Al mismo tiempo, surgía al interior de quienes profesaban la religión judía, un movimiento político que alejándose de la religión propiamente tal, que asociaba la reconstrucción del reino de Israel a la llegada del mesías, se proponía secularizar al judaísmo, tomando en manos de hombres de carne y hueso el proyecto divino de la reconstrucción del Reino de Israel, como respuesta a los pogromos de la Rusia Zarista y a la persecución Europea representada de manera esencial por la inquisición, sumado lo anterior a la demora milenaria e intolerable para los racionalistas judíos del tan esperado Mesías.

En este contexto se realizó el Primer Congreso Sionista, en Basilea (Suiza), en 1897, el que a pesar de convocar a representantes de menos del 1% de la judería mundial, estableció como objetivo principal, el establecimiento de un Hogar Nacional Judío en alguna parte del mundo.

Ya en el Cuarto Congreso Sionista definieron que la primera alternativa, entre varias, debía ser Palestina, debido a la ligazón religiosa que podían esgrimir con ese territorio, lo que les brindaría la coartada perfecta para un proyecto que sabían, jamás podría realizarse en paz.

Era un nuevo fundamentalismo que pretendía utilizar excusas religiosas para conseguir fines políticos y económicos, mediante la apropiación de una tierra en la que habían vivido de manera ininterrumpida los descendientes de todos los pueblos que alguna vez habitaron o invadieron la región de Palestina.

Paralelamente, el surgimiento del nuevo orden internacional que marcó el retorno del mundo antiguo a la disputa por las zonas estratégicas del planeta y la decadencia irreversible de los restos del sistema feudal, llevaron al mundo a un incremento de la tensión entre los diferentes modos de organización existentes, los que comenzaron a disputarse, con renovados discursos ideológicos, la influencia sobre los territorios que, desde la antigüedad, habían sido los símbolos privilegiados del poder y la dominación mundial.

La Primera Guerra Mundial fue la cristalización de esta contradicción y los pueblos que vivían bajo dominación imperial aprovecharon la oportunidad para buscar su emancipación inclinándose, antes y durante la guerra, hacia los nuevos estados nacionales que buscaban la destrucción de los imperios y la ampliación de sus áreas de influencia en los territorios, estableciendo con ellos acuerdos secretos para detonar frentes internos que los debilitaran y mermaran de manera significativa su capacidad para defenderse de los embates de este renovado occidente.

En este contexto, la promesa que los británicos hicieron a los dirigentes árabes, en especial a través de la correspondencia mantenida (1915-1916) con Husein Ibn Ali de La Meca, de conceder la independencia de sus territorios tras la guerra, jugó un rol de fundamental importancia para la expulsión definitiva de los turcos de la región, incluida Palestina, entre 1917 y 1918.

Los británicos, sin embargo, no honraron sus promesas y en el mismo período que empeñaban su palabra con los líderes árabes, firmaban, el 2 de noviembre de 1917, la Declaración Balfour, comprometiéndose con la Organización Sionista Mundial a entregarles Palestina para el establecimiento de un hogar nacional judío en su territorio.

Así, sin tener derecho a disponer de una tierra que no le pertenecía y sin consultar los deseos ni considerar los derechos de los pueblos originarios que ahí habitaban, Gran Bretaña se comprometió a garantizar a los sionistas (cuyo apoyo económico necesitaban para mantener el esfuerzo bélico) un “hogar nacional” en Palestina, promesa que fue incorporada de manera unilateral e inconsulta al mandato conferido en 1922 por la Sociedad de Naciones a Gran Bretaña, con el objeto único de acompañar a los palestinos en su proceso a la Independencia.

Este mandato, en todo caso, era fiel reflejo de un tratado secreto, firmado años antes entre Francia, Rusia y Gran Bretaña para dividirse en áreas de influencia la región, asegurando un desarrollo futuro coherente con sus intereses económicos, relacionados con el establecimiento en la región de gobiernos afines a sus intereses y con el dominio y usufructo de sus recursos naturales, por el mayor tiempo posible.

En esta época, la población de Palestina estaba conformada en un 97% por creyentes de religión cristiana y/o musulmana y menos de un 3% de religión judía. Coherentemente, la tenencia de la tierra era, en un 99,5% de religión cristiana o musulmana y en un 0,5% de religión judía y hasta este momento, judíos, cristianos y musulmanes vivían en paz y armonía en el lugar más sagrado del mundo para las tres religiones monoteístas de la humanidad.

No obstante, el proyecto sionista pretendía invadir Palestina y trasladar o exterminar a sus habitantes, para convertir a Palestina en un “Hogar Nacional” exclusivo para los judíos, quienes desde un comienzo rechazaron la idea puesto que contradecía los fundamentos religiosos y vendría a potenciar el antijudaísmo existente, respondiendo al mismo de manera absolutamente equivocada, con la conformación de un gran gueto en Palestina.

Por otra parte, semejante proyecto jamás hubiera visto la luz si no hubiese contado, desde su nacimiento, con el apoyo de las potencias occidentales interesadas en poner sus manos sobre las riquezas del mundo árabe y consolidar una influencia incontrarrestable en el centro geográfico, histórico e ideológico del mundo.

Amparado en la Declaración Balfour, la Organización Sionista Mundial comenzó a trasladar a Palestina, a sionistas de todas partes del mundo, para formar su hogar nacional, que debía nacer sobre la tierra y la sangre del pueblo palestino. Estas inmigraciones conocidas como Alliah, levantaron y difundieron mitos en forma de lemas centrales de cada operación, comenzando por la más famosa y menos cierta de todas: “Un Pueblo sin Tierra para una tierra sin Pueblo”.

Al mismo tiempo, la Sociedad de Las Naciones, organización de carácter internacional nacida de la I Guerra Mundial con el objeto de evitar nuevas conflagraciones y resolver los conflictos por la vía de la negociación, diseñó un sistema de mandatos en el cual un País mandatario (Francia o Gran Bretaña) tomaba una región bajo su tutela para llevarla, en el menor plazo posible y respetando la autodeterminación de sus pueblos, a la Independencia. Fue así como, traicionando el espíritu y la letra del mismo, Gran Bretaña, lejos de velar y promover la independencia de Palestina, impulsó la inmigración ilegal y ayudó a modificar significativamente el statu quo y la forma de vida de la región, sentando las bases del conflicto que hoy conmueve al mundo entero.

Conscientes de su error y ante la evidencia de las nefastas consecuencias de su breve periodo de mandato sobre Palestina, Gran Bretaña intentó, al final de la revuelta árabe de 1936–1939, poner término a la situación y propuso el término de la inmigración ilegal y el establecimiento en Palestina de dos estados, con Jerusalén y sus alrededores como ciudad protegida por el mandato, para extender su dominio sobre la región. Este hecho marcó el término de las relaciones privilegiadas entre Gran Bretaña y el Sionismo, el que sin perder un minuto comenzó a buscar un nuevo aliado incondicional que le asegurara la continuidad de su proyecto y la impunidad ante el macabro plan que tenían diseñado.

En el mismo período Hitler subía al poder en Alemania y el nazismo se convertía en el mejor aliado del movimiento sionista mundial, quienes utilizaron políticamente el holocausto para negociar con la comunidad internacional, cómplice de uno de los crímenes más deleznables de la historia de la humanidad, el establecimiento definitivo de un hogar nacional sobre tierra palestina, lo que se materializaría una vez nacida la nueva organización mundial de estados nacionales.

En 1945 la tenencia de la tierra en manos de los sionistas había pasado de 0,5% en 1920 a un 5% y la población sionista había aumentado de 0% a cerca de un 33%.

No obstante lo anterior, las potencias occidentales, conscientes de la importancia de contar en la región con un estado agente y un estado cliente, estaban decididos a impulsar en Palestina un camino distinto al que los habitantes de la región esperaban; camino que nunca contempló el establecimiento de un estado palestino independiente en Palestina, para los palestinos.

El 29 de noviembre de 1947, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, la recién creada Organización de Naciones Unidas (ONU) que nacía para reemplazar a la fracasada Sociedad de las Naciones, votaban favorablemente la Resolución 181 de Partición de Palestina, entre quienes la habían habitado por las últimas 50 generaciones y los inmigrantes traídos por el sionismo internacional de todas partes del mundo, violando de manera flagrante uno de sus principios fundacionales, el respeto irrestricto a la autodeterminación de los pueblos.

Un 56% de la tierra era destinada a los extranjeros y un 43%, a los palestinos. Jerusalén, que representaba el 1% de Palestina, quedaba como cuerpo separado de ambos estados, como Capital Universal, en virtud de su condición de cuna de las tres grandes religiones monoteístas de la historia.

Ni palestinos ni sionistas aceptaron la partición. Los primeros porque eran sus legítimos dueños. Los segundos, porque el proyecto sionista contemplaba el establecimiento en Medio Oriente del “Eretz Israel”, el Gran Israel, que abarcaba los territorios ubicados entre los ríos Nilo y Éufrates, en un territorio incluso inmensamente superior al que alguna vez hubiera ocupado el antiguo reino de Israel.

De hecho, desde antes de la Guerra de 1948, conocida como Al Nakbah o la Catástrofe, las organizaciones terroristas del Sionismo, tenían preparado el Plan Dalet. Un conjunto de operaciones militares que pretendían provocar el pánico entre la población palestina, cerrar las vías de escape, exterminar a la resistencia que pudiera desarrollarse y ocupar la mayor cantidad posible de territorio para hacer inviable el surgimiento del estado Palestino. Por lo mismo, el 70% de estas operaciones estaban planificadas fuera de los territorios asignados por la ONU a los sionistas, que consiguieron, mediante el mencionado plan, apropiarse de más del 80% de la Palestina histórica, ante la mirada cómplice de las potencias occidentales que veían en Israel un estado agente y cliente que facilitaría el dominio sobre las reservas de petróleo de la región y sobre el centro ideológico del mundo, lo que otorgaría la posibilidad de actuar directa o indirectamente sobre la sensibilidad de millones de personas a lo largo y ancho del mundo.

El armisticio de 1949 terminó con la anexión, por parte de Israel, de la casi totalidad de Palestina y con cerca de 800 mil refugiados/as palestinos/as en los países vecinos, quienes desde el inicio de su exilio han buscado la forma de volver a su territorio.

El primer paso fue enrolarse en los partidos políticos del mundo árabe, los que levantaron la liberación de Palestina como parte fundamental de todos sus programas, tratando de ocultar sus lazos con Occidente, la lejanía y la desconfianza que hasta el día de hoy sienten hacia la causa palestina que ponía y pone en jaque, directa o indirectamente, a todos los gobiernos instalados por el mismo occidente en el mundo árabe, en el proceso de descolonización asistida que ellos mismos digitaron desde sus oficinas en occidente.

Publicado en El Ciudadano

Si la Hipocresía Matara

Sorprendente, por decir lo menos, me han parecido las reacciones a raíz de la comparación hecha por el presidente del Colegio de Profesores, entre los métodos represivos que está utilizando el gobierno de Piñera y los que el Estado de Israel viene utilizando en su política de exterminio físico y político del pueblo palestino por los últimos 60 años.

Desde antisemita a racista, al presidente del Colegio de profesores, le han dicho de todo y mañosamente, los hipócritas de siempre, han buscado sacar partido de una afirmación que puede haber estado de más, pero que en la forma y el fondo, tiene base suficiente para sostenerse por sí misma.

De partida, el jueves por la noche, cualquiera que haya estado en las cercanías de Plaza Italia, puede haber visto como miembros de la policía reprimían de manera brutal y apresaban a civiles inocentes, y especialmente a jóvenes entre los que se encontraban varios menores de edad, sin que mediara provocación, ni disturbio alguno.

Fue una represión preventiva, tal y cual lo hace el ejército de Israel cuando, sin mediar juicio ni nada, ingresa a los territorios ocupados, reprime a quien se les cruza por delante y apresa a civiles inocentes y especialmente a jóvenes y niños, que solo han cometido el delito, insoportable para el sionismo, de ser palestino y resistir la ocupación.

Un delito tan insoportable, como para el gobierno de Chile resulta en estos días, ser estudiante y querer tener una educación gratuita laica y de calidad para todos y todas.

Mientras veía a las fuerzas de orden y seguridad revisar y amedrentar a los pequeños estudiantes, recordaba la revisión a la que los niños palestinos son sometidos a diario por la ocupación militar que les trata como sujetos peligrosos y no como sujetos de protección como en el resto del mundo civilizado.

Los jóvenes detenidos me recordaron a uno de los jóvenes que conocí en el campamento de Aida, en una fiesta organizada para celebrar su retorno a casa, luego de haber pasado cinco años prisionero por haber tirado piedras al ejército de ocupación israelí, el cuarto mejor armado del mundo. Ingresó a la cárcel cuando tenía solamente 13 años.

Los caballos cabalgando entre y sobre la gente que protestaba en forma pacífica frente a sus propias viviendas tocando cacerolas, como en tiempos de dictadura, me recordaron las protestas en Bil’in, en los territorios ocupados y las lacrimógenas dentro de los edificios y las casas, nada tenían que envidiarle a las incursiones del ejército sionista en los territorios palestinos.

Como si fuera poco la casi completa ocupación del centro de Santiago para evitar toda manifestación contraria al gobierno, el impedimento arbitrario de la libertad de movimiento y el control preventivo de identidad, para quienes hayan estado en los territorios ocupados, sin duda, les puede haber resultado tremendamente familiar.

En este contexto y tomando en consideración que en sus declaraciones el presidente del Colegio de Profesores nunca utilizó la palabra “judío” ni“semita”, no me queda más que rechazar por malintencionadas y manipuladoras las innumerables declaraciones que pretendieron asimilar el repudio explícito al sionismo como movimiento político y como ideología racista y su comparación con los métodos usados por el gobierno de Piñera, con el antisemitismo, que como sociedad, todos debemos rechazar profunda y tajantemente.

Por lo mismo, me parece importante e imprescindible recordar que no es el judaísmo, sino el Estado de Israel y su política genocida, la entidad más condenada en el mundo por sus constantes y sistemáticas violaciones a los derechos humanos del pueblo palestino.

De la misma manera, no fue el judaísmo como religión, sino el sionismo como ideología, la que en 1974 fue declarada por la Asamblea General de Naciones Unidas, como una forma de racismo homólogamente comparable al apartheid sudafricano.

En este contexto, me siento obligado a denunciar y rechazar también, el intento burdo del sionismo criollo por igualar sionismo a judaísmo y aprovecho de recordar al país, que afortunadamente, cada día son más los judíos anti sionistas, esparcidos por la faz de la tierra, que honran la memoria de las víctimas del nazismo y consecuentemente repudian, y al igual que todos los hombres y mujeres de buena voluntad, toda forma de represión y toda política de exterminio, tenga esta como víctimas a judíos, cristianos, musulmanes o ateos, sin importar si esta proviene de alguna dictadura árabe, de alguna democracia europea, de algún país latinoamericano o del estado de Israel.

De hecho resulta vivificante y esperanzador que esta política de limpieza étnica encuentre en el profesor judío, Illan Pape, hoy prohibido en Israel, precisamente por haber documentado de manera rigurosa y sumamente objetiva todos los crímenes del sionismo en Palestina, a su mejor enemigo y denunciante.

También resulta alentadora la actitud de muchos como Norman Finkelstein, judío, hijo de víctimas directas del holocausto nazi, que se ha destacado por su lucha implacable contra el sionismo, el estado de Israel y su política de genocidio contra el pueblo palestino.

De la misma manera, resulta imposible olvidar el rechazo de los grupos fundamentalistas judíos, como Naturei Karta, que rechazan a Israel y claman por su desmantelamiento pacífico, porque lo consideran un ídolo falso que ha minado la religión judía y obstruido la paciente y pacífica espera del Mesías, que todo judío piadoso debe observar, en su país de residencia y en estricto apego a la ley del mismo, hasta la reconstrucción pacífica de lo que llaman el Reino de Israel.

Por lo demás, me parece comprensible, en el escenario actual, la profunda preocupación que se ha instalado en nuestra sociedad por el incremento de la represión, las escuchas ilegales, la presencia de infiltrados en las manifestaciones, los montajes que se caen a pedazos y la permanente criminalización de los movimientos sociales, acciones todas que, sin lugar a dudas, encuentran a su responsable político en el ministro del interior.

Lo anterior, permite comparar sus métodos, con otros aparatos internacionalmente reconocidos como especialistas en represión y violación sistemática de los derechos humanos fundamentales, como es el caso del estado de Israel, que está basado en una ideología, nacida en el Primer Congreso Sionista, realizado en Basilea, Suiza, en 1897, varios miles de años después de la salida de Abraham de Uhr y Caldea en dirección a lo que llaman la Tierra Prometida, aunque la realidad chilena y la de los territorios ocupados sean completamente diferentes.

Por último, no puede menos que llamarme la atención y molestarme, la hipocresía y el doble estándar de algunos, que dicen combatir la discriminación y el supuesto antisemitismo de Gajardo, mientras con su historia de apoyo a golpes de estado, dictaduras y ocupaciones extranjeras y su accionar actual en el parlamento y en el congreso, no hacen más que legitimar la discriminación contra nuestros pueblos originarios, contra las minorías sexuales, contra los discapacitados y contra todo aquel que se manifiesta contrario a su visión de sociedad.

Esta manifiesta hipocresía y el doble estándar evidente, me mueve a preguntar si su real interés al atacar a Gajardo, es debilitar al movimiento o simplemente, blindar a Israel, generando un manto de impunidad, como el que tan bien conocemos en nuestro país, sobre los crímenes de lesa humanidad que dicho Estado practica a diario contra la población civil en Palestina, tratando de presentar cualquier atisbo de crítica a Israel, como una extensión del nazismo: nada más burdo y lejano a la realidad.

Publicado en Cooperativa

La crisis del Gobierno y la comuna de Recoleta

Definitivamente el Gobierno de la Alianza no aprende de sus errores y no pierde ocasión de equivocarse y ahondar la crisis en la que se encuentra.

A la larga lista de improvisaciones y errores no forzados en la gestión política, se suma la evidente escasez de cuadros que la derecha presenta, lo que lo ha llevado a recurrir, una y otra vez a los mismos de siempre para intentar salir de la crisis referida, reeditando el juego de las sillitas musicales que hasta hace poco le criticaba, con particular dureza, a los gobiernos de la Concertación.

No resulta raro que en este escenario, gran parte de Chile se esté preguntando donde están hoy los más de tres mil jóvenes talentosos y llenos de energía que nutrieron la discusión de los grupos Tantauco durante la época de la campaña presidencial.

Los más desconfiados se preguntarán si estos de verdad existieron o eran solo un montaje, especialmente diseñado para intentar mostrar una capacidad de gobierno que, en realidad, no tenían.

Independiente de estas preguntas sin respuesta, comienzan a quedar atrás los días en que la derecha derrochaba arrogancia, amenazando con sepultar a la concertación con un gobierno caracterizado por la eficiencia y la eficacia, realizando en un año más de lo que la concertación había hecho en veinte.

La realidad ha dicho otra cosa y en lo único que la derecha ha cumplido su amenaza, ha sido en las equivocaciones y en la caída en las encuestas: ha cometido más errores y ha bajado en las encuestas en un año, tanto o más de lo que la Concertación, en veinte.

Ahora, la crisis de gobernabilidad en la que se ha metido voluntariamente y que ya ha puesto en entredicho el respeto y la valoración que la derecha tiene por la voluntad popular en el Congreso Nacional, comienza a impactar a los gobiernos locales que mantienen bajo su dirección.

El último de sus más brutales desaciertos aún no se consuma, pero amenaza con convertirse rápidamente en otro chascarro del gobierno.

Pretendiendo matar dos pájaros de un tiro, optaron por llenar una de las vacantes que ha generado la crisis del gobierno en el nivel central con Sol Letelier, Alcaldesa (UDI) que fuera implantada en la comuna, desde Lo Barnechea, para retener la municipalidad de Recoleta luego de que uno de los suyos, Gonzalo Cornejo, la hundiera en una de sus peores crisis debido a las irregularidades detectadas por contraloría en el caso GMA, lo que dio paso a una investigación que lo sacó de la carrera por la reelección, a la que aspiraba.

Una vez que la investigación terminó sin poder acreditar la comisión de delito, Gonzalo Cornejo se dispuso a recuperar lo que considera propio, tensionando de tal manera a la UDI que la obligó a buscar una salida digna para Sol Letelier.

Resulta indispensable recordar que desde su llegada al gobierno comunal, la alcaldesa fue sometida a un permanente hostigamiento de parte de los concejales de su partido y de los funcionarios de confianza de Cornejo que permanecieron en la municipalidad, haciéndole la vida imposible, para impedir sus normales aspiraciones a la reelección y sacarla del camino para pavimentar el regreso del “Cornejo de la Suerte”, si era posible, o para dejar libre la llegada a la alcaldía a su delfín, Marcelo Teuber.

Resulta patético la actitud del gobierno de la Alianza por el Cambio que ante la crisis evidente del gobierno central y del comunal, no ha dudado un segundo en desarmar a este último, dejando en el abandono a todos los habitantes de Recoleta y muy especialmente a quienes, depositaron una vez más su confianza en la UDI, dándole la oportunidad de enmendar el rumbo después de los escándalos de GMA.

Resulta preocupante además porque esta acción constituye un claro ardid de la UDI y de la Alianza por Chile, para pavimentar el regreso al gobierno comunal, a quienes de manera completamente irresponsable e inmoral, generaron una de las mayores crisis de gobernabilidad que la comuna haya conocido en su corta existencia y sembraron el odio y la discordia entre las y los Recoletanos, lo que pone de manifiesto que para algunos, los gobiernos comunales del mundo popular son solamente un trampolín para hacer carrera política o para sacar provecho personal, sin que medie compromiso alguno con los habitantes de la comuna.

La jugada sin embargo no está asegurada ya que los concejales de la oposición han decidido bloquear la salida de Sol Letelier para impedir, o al menos dificultar el Plan de la UDI, dejando al descubierto y anulando la única posibilidad de una salida digna para la Alcaldesa, que tendrá que seguir lidiando con sus principales detractores y enemigos, los concejales de su propio partido.

En este escenario resulta indispensable una revisión completa de como el ejecutivo puede cooptar cuadros en funciones a la hora de sortear una crisis y la forma de reemplazo de los cargos de elección popular que el actual ordenamiento jurídico establece para los distintos niveles de gobierno, ya que ampara un desprecio absoluto por la voluntad popular y permite que los mismos que se ríen de los electores y los abandonan, definan sin consultarles, quienes deben hacerse cargo de sus destinos.

Publicado en Cooperativa