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Hay un Mundo por Cambiar

Archive for octubre, 2010

Israel y los 33 de Atacama, o como sacar partido de un imperdonable drama

No podía ser distinto, el estado de Israel y los lideres sionistas a lo largo del mundo nos han acostumbrado a esa fidelidad perenne al oportunismo y al aprovechamiento político de las desgracias y los horrores acontecidos en la historia de la humanidad.

Lo hicieron antes, con el holocausto, del cual han conseguido una tremenda utilidad económica y financiera, al hacer del mismo, una verdadera industria de la memoria, por una parte y una rentabilidad política al convertirlo, en un cheque en blanco canjeable permanentemente por impunidad y apoyo económico, como la única respuesta real a su política de exterminio físico y político del pueblo palestino, sus amigos y simpatizantes y a las sistemáticas y reiteradas violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional, el que se ha revelado como absolutamente impotente cuando de detener al ocupante se trata.

Hoy lo vuelven a hacer, esta vez con los 33 mineros que permanecieron casi 70 días en las profundidades de una mina en nuestro país, debido a la irresponsabilidad de sus dueños; a la laxitud de unas leyes hechas a la medida de los grandes empresarios y a la premeditada debilidad de la función fiscalizadora del Estado en un país que insiste en exigirle sacrificios y el cumplimiento de sus deberes a los trabajadores, a cambio de diminutos sueldos y de mantener en la retina del imaginario colectivo un tímido llamado a la conciencia y a la buena voluntad de los empresarios, que se han acostumbrados a hacer lo que quieren y a negar la propiedad privada de los trabajadores de manera sistemática, pagándoles bastante menos de lo que, en verdad, vale su trabajo.

Esta vez los Israelíes apuestan de manera desvergonzada a compartir los beneficios políticos de la sobre exposición mediática de un rescate que no fue más que lo que había que hacer en una circunstancia como la vivida, sobretodo, si consideramos la responsabilidad que le cabe al Estado, en el hecho cierto de que muchas minas operan en nuestro país con permiso del mismo, pero sin cumplir la ley en cuanto a seguridad laboral se refiere.

Como si fuera poco y subiéndose por el chorro de la algarabía mundial que ha dejado de lado lo importante para celebrar que una verdadera tragedia haya terminado convertida en una fiesta, lo hacen invitando a los mineros a celebrar la navidad en Tierra Santa, esa tierra que la comunidad internacional, al menos en sus maravillosos discursos, reconoce como los territorios palestinos que israel mantiene ocupados desde hace más de cuarenta años.

Efectivamente, los invitan porque tienen el poder, pero no el derecho, de invitar a quién ellos quieran a una tierra que no les pertenece y que mantienen ocupada solo en virtud de su poderío militar y de la impunidad de que gozan gracias a la red de protección incondicional que ostentan en el mundo entero, la que se encuentra claramente liderada por EEUU y secundada por los sectores más reaccionarios y conservadores de cada sociedad a lo largo y ancho del mundo entero.

Lo hacen para intentar instalar la idea de que Belen, la capital mundial de la cristiandad, es parte de ese estado que no ha definido, en más de sesenta años de existencia, sus fronteras, mientras gana tiempo en negociaciones que no van a ningún lado pero que le permiten seguir construyendo asentamientos ilegales en territorio palestino, día a día, metro a metro, mientras Palestina se desvanece ante la mirada cómplice y complaciente del mundo entero.

Lo hacen para negar una vez más que Palestina era, es y seguirá siendo, no importa los años que pasen, ni las casas destruidas, ni los palestinos torturados y encarcelados, ni las vidas arrancadas y mucho menos, la cantidad años que los invasores se queden.

Es de esperar que los mineros y sus familias, esos que sufrieron numerosas veladas de incertidumbre debido a la presencia de la muerte que rondaba el campamento esperanza, no se conviertan en cómplices, debido a sus 15 minutos de fama, de un estado que ha hecho del exterminio y la muerte su deporte favorito.

Es de esperar que los mineros y sus familias, esos que iluminaron al mundo acerca de la necesidad de justicia y respeto a los derechos laborales no se presten para avalar exactamente lo contrario a lo que hoy ellos simbolizan.

Es de esperar que las luces no logren encandilar a la razón y que no se presten para el circo que desean armar para esta navidad los que con su muro de la vergüenza vienen convirtiendo la navidad en una tragedia desde que se ahí decidido a aniquilar cualquier atisbo de libertad religiosa, política, social y cultural con una ocupación que como ellos, en cuanto a permanencia bajo la tierra se refiere, ocupa el primer lugar de todos los ranking mundiales, de las más atroces violaciones sistemáticas a todos los derechos humanos conocidos y por conocer.

Si la hipocresía matara (acto segundo)

Tarde, y con el doble estándar que los caracteriza, los que impusieron el modelo económico de la mano de la dictadura, se han manifestado preocupados porque la caída del tipo de cambio ya que estaría, según ellos, poniendo en jaque al sector exportador y por ende al modelo económico chileno casi en su totalidad.

El desplome de la moneda norteamericana, han dicho los representantes de la derecha, esta amenazando en su existencia nuestra economía exportadora y esta agravando la situación de algunos sectores productivos en Chile, como la agricultura, en una forma que puede ser irremediable. Se olvidan de la responsabilidad que a su sector le corresponde en la implementación, en Chile, de un modelo económico absolutamente dependiente de la exportación de materias primas, sin valor agregado; con pobre impacto en la creación de trabajos estables y de calidad; y enfocado sólo a la la generación de utilidades que a partir de la economía primaria obtienen los grandes empresarios del sector y la transnacionales avecindadas en nuestro país.

Comienzan a sentirse, por lo mismo, los llamados a intervenir para remediar el asunto y salvar al sector, olvidándose hipócritamente, de la defensa que el mismo sector dice hacer siempre de la libertad con que el estado debe dejar funcionar al todo poderoso y eterno mercado, negándose permanentemente a cualquier intervención para corregir las imperfecciones propias de un modelo. Modelo, según ellos, perfecto, cuyas leyes, en la practica, pocas veces funcionan. Se muestran por fin como son: Capitalistas cuando hay utilidades y tremendamente estatistas cuando sus utilidades peligran.

Para compensar este efecto, insisten en que el Gobierno debe contener y reducir el gasto, es decir, deje de atender las necesidades sociales para proteger a los pobres grandes empresarios que, cuando la libre competencia no los favorece, vuelven a mirar al Estado para pedir socorro y se olvidan de que, según sus propias aseveraciones, son ellos el motor fundamental de la economía.

En este caso la responsabilidad recae exclusivamente en quienes han optado por un sistema económico de apertura global, tremendamente vulnerable a las turbulencias económicas mundiales y que ha dejado en el olvido la segunda fase exportadora, tantas veces prometida. Se renunció así a desarrollar fuerza propia tanto para asegurar el funcionamiento de la economía como para fomentar un sector industrial capaz de agregar valor a nuestras materias primas, objetivo para el cual Chile posee características formidables.

Claro que para ello debiéramos partir contando con una clase política y empresarial con visión estratégica y centrada en un proyecto nacional de desarrollo, al servicio de Chile y su gente, con justicia social, igualdad de oportunidades, democracia y equidad y no con una casta de actores políticos y empresariales solo centrados en su reelección y en la rentabilidad individual o familiar de corto plazo.

De la misma manera, debiéramos exigir a los actores políticos que tengan un mínimo de coherencia entre sus postulados y sus propuestas, porque tratar de estar siempre del lado en donde calienta el sol es una mala costumbre que desprestigia la política y desmotiva, sobre todo, a las nuevas generaciones, a participar activamente en ella.