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Hay un Mundo por Cambiar

Archive for agosto, 2010

Piñera y la Nueva Forma de Contaminar

El proyecto para construir una termoeléctrica en Punta de Choros acaba de ser suspendido por el presidente de la república, luego que la aprobación del mismo por parte de sus representantes en los organismos competentes causara la indignación de las comunidades involucradas y de los hombres y mujeres con algo de conciencia medioambiental que existen en nuestro país.(2) Finalmente, la administración Piñera tuvo que ceder ante la presión ciudadana siendo obligado, por la fuerza, a respetar una de sus promesas de campaña. Todo indica que habrá que estar alerta para evitar lo que, de lo contrario, podría ser un lamentable legado en materia medioambiental de la nueva forma de gobernar.

Este deasfortunado episodio, nos da, sin embargo, la posibilidad de discutir, una vez más la institucionalidad ambiental vigente en nuestro país ya que los proyectos son aprobados en virtud de leyes votadas favorablemente por muchos de los diputados que en estos días han aparecido criticando las actuaciones del ejecutivo pero que nunca han asumido su responsabilidad en materia legislativa para reorientar a Chile hacia la senda del desarrollo sustentable3.

Solo algunos grupos ciudadanos levantaron su voz para defender la biodiversidad y el santuario de la naturaleza que iba a ser destruido por los cambios que generaba este proyecto mientras en el gobierno reinaba el mismo silencio cómplice que reinó durante los gobiernos de la concertación, ante la destrucción que ellos aceptaron y promovieron. Al igual que entonces, nadie en el gobierno habla del patrimonio natural y cultural que podríamos perder con estos proyectos y que quizá apreciaríamos en 20 o 50 años, cuando los responsables políticos y económicos ya no estuvieran vivos para responder, ante las futuras generaciones, por el daño causado.

La COREMA se defendió diciendo que la aprobación se hizo conforme a la Ley y con consulta al presidente, aunque ninguno de los involucrados es capaz de argumentar el drástico cambio de opinión que mostraron sobre un proyecto que solo un par de meses antes los mismos organismos rechazaban.

Así las cosas, resulta imprescindible discutir entonces el modelo económico y las leyes que siguen permitiendo que proyectos de este tipo se desarrollen a costa de nuestro medio ambiente.

Lo primero es discutir nuestra institucionalidad medioambiental, ya que luego de ver la inconsistencia de las autoridades, resulta inaceptable la dependencia política que ella posee con respecto a los gobiernos de turno. Se revela como urgente, entonces, la creación de una Contraloría Medioambiental independiente y autónoma, con participación de la sociedad civil, con las atribuciones y los recursos necesarios para defender el patrimonio medioambiental de nuestro país.

Lo segundo es terminar con la integración vertical que existe al realizar los estudios, pues resulta inaceptable que los pague y los encargue el propietario del proyecto sometido a fiscalización. En este contexto, una de las tareas que debiera asumir esta contraloría medioambiental, sería realizar, con cargo al proyecto en cuestión, los estudios que permitan aceptar o rechazar el mismo.

Lo tercero es mantener una Línea Base4 oficial y detallada de todo el patrimonio medioambiental de la nación, contra la cual poder realizar los análisis, pues resulta evidente que al no existir ningún instrumento oficial de la situación base contra el cual refrendar los estudios presentados es imposible medir su verdadero impacto. Para ello, esta institucionalidad debiera contar con la capacidad técnica y los recursos necesarios para enfrenar su propia responsabilidad, pues resulta evidente que tampoco ella no existe en la institucionalidad vigente.

Por último, resulta imprescindible reemplazar, en nuestro ordenamiento jurídico, la participación ciudadana tardía y meramente consultiva por una participación temprana y vinculante, obligando a incorporar a los actores involucrados desde el inicio de los proyectos, de manera de asegurar la internalización de los impactos negativos y a diseñar con la comunidad, las medidas tendientes a mitigar o anular dichos efectos.

Todo lo anterior debe sumarse al cobro de un royalty de verdad, puesto que resulta absurdo e injusto que luego de haber extraído tanta riqueza de nuestros suelos, ríos y mares; generando incluso, un desplazamiento de otras actividades que pudieran haber sido sustentables, se retiren dejando nada más que un ecosistema devastado.

Estos cambios lograrían, al menos, retrasar el colapso de nuestro medio ambiente y ganar tiempo, en espera del surgimiento de un paradigma ecocéntrico en el cual la misma ética que se exige en la relación entre seres humanos fuese extendida a la existente con el resto de la naturaleza de la cual somos parte inseparable, por ser ésta nuestro cuerpo inorgánico como nosotros somos el cuerpo inorgánico de las demás.

Daniel Jadue

1. El autor es Arquitecto, Sociólogo y Candidato a Magíster en Urbanismo de la Universidad de Chile. Es además Lic. En Gestión de Calidad Total de la Universidad Católica del Norte. Es Vicepresidente de Desarrollo Organizacional y Comunicaciones de la Federación Palestina de Chile.

2. La Comisión Regional del Medio Ambiente (Corema) de la Región de Coquimbo aprobó por 15 votos a favor y 4 en contra el proyecto de construir una central termoeléctrica a carbón de 540 MW en la caleta de Chungungo, al sur de Punta de Choros, en la comuna de La Higuera. Específicamente serán dos plantas a carbón las que se construirán, dentro del proyecto termoeléctrico Barrancones.

3. La definición más ampliamente aceptada para el concepto del “Desarrollo Sustentable” se refiere a aquel tipo o modelo de desarrollo que permite la satisfacción de las necesidades de las generaciones actuales sin poner en riesgo el derecho de satisfacer las mismas necesidades de las generaciones futuras.

4. Se entiende por Línea Base a una caracterización inicial completa del ecosistema en donde se inserta un proyecto determinado, caracterización a partir de la cual se miden los impactos que proyecto tendrá sobre el medio ambiente natural, construido y social.El proyecto para construir una termoeléctrica en Punta de Choros acaba de ser aprobado por los representantes del gobierno en los organismos gubernamentales competentes para dar el vamos, a los proyectos de los cuales se supone, podrían tener un impacto medioambiental significativo. Con esto, la administración Piñera le pone un broche de oro a todas sus promesas de campaña de respetar el medio ambiente y desechar las centrales termoelectricas y anticipa lo que seguramente será su lamentable legado en materia medioambiental.

Chile y la CASEN 2009: De país modelo a modelo de desigualdad

Cada vez que la pobreza y la desigualdad recobran su protagonismo, ponen a nuestro país en el verdadero sitial que le corresponde en el concierto latinoamericano y mundial: de país modelo a modelo de desigualdad y exclusión social.

A pesar de lo anterior, algunos espacios académicos y medios de comunicación -ligados a la derecha tradicional- interesados en mantener las cosas como están, pretenden una vez más explicar y justificar lo injustificable, echando mano al estancamiento del ritmo de crecimiento de la economía y al rol que en éste juega la baja productividad del factor trabajo.

En efecto, en su análisis suelen presentar la acumulación de trabajo, capital y la productividad como los factores determinantes del crecimiento. Fieles a su sobre ideologizado discurso, pretenden demostrar que a veces, a pesar de haberse mantenido o incrementado la inversión de capital el crecimiento económico sigue estancado, lo que se explicaría por la baja productividad promedio de los trabajadores chilenos.

En este factor -según ellos- influirían variables como la ausencia de reformas económicas más pro mercado, entre las que destacan la falta de flexibilidad laboral; la ineficiencia del sector público; la mala calidad de la educación; y el mal funcionamiento de algunas instituciones, fundamentalmente estatales.

Se aprovechan así, de su hegemonía en los medios de comunicación para endosar la responsabilidad de la baja productividad, de manera casi exclusiva, al mundo de los trabajadores, omitiendo, ex profeso, aquellas variables en donde la responsabilidad recae exclusivamente los dueños de las empresas y la alta dirección de las mismas.
Sistemáticamente van dejando fuera de sus discursos explicativos variables que también juegan un rol fundamental en el estancamiento de la productividad y que guardan relación con lo que, en las academias de buen nivel y los países desarrollados, se conoce como “clima laboral”.

Este se entiende como el ambiente o la atmósfera en el que se desarrolla el trabajo dentro de la empresa y surge, principalmente, de las percepciones de los trabajadores respecto de las estructuras y procesos en los que se fundan las organizaciones productivas.

Destacan, entre ellos, las condiciones de trabajo, el nivel de satisfacción con el mismo, los estilos de liderazgo empresarial, las relaciones interpersonales, el nivel de identificación de los trabajadores y trabajadoras con las empresas en que se desempeñan y principalmente, la percepción acerca de la adecuación de la recompensa percibida (salario y beneficios) por el trabajo realizado y la relación de éstos con su nivel de participación en la distribución de los beneficios generados.

Lamentablemente en nuestro país, la derecha económica y académica, y los líderes de los grandes empresarios, prefieren omitir estos temas porque un simple análisis de los mismos dejaría en evidencia la tremenda deuda social que tienen con nuestra sociedad. Pretenden dirigir los procesos políticos y económicos del país pero adolecen de honestidad suficiente y convicciones democráticas tales que permitan abordar de manera integral el tema en cuestión, callando aquello en lo que tienen una responsabilidad fundamental y que en otros países, ya nadie discute.

De hecho, una rápida y general comparación con los países de la OCDE nos arroja una realidad nacional caracterizada por una distribución de los gananciales mucho más desigual, con altas utilidades y remuneraciones a los directores y altos ejecutivos de las empresas en comparación a los paupérrimos salarios en los niveles más bajos de las estructuras productivas. Basta ver las últimas cifras de la encuesta CASEN, que muestra una disminución significativa en la participación en los gananciales del decil más vulnerable frente a un incremento, también significativo, del 10% más rico de la población.

Junto con lo anterior gozamos de un nivel significativamente más bajo en calidad de vida laboral, en el caso de quienes están en la línea de producción, caracterizada por espacios inadecuados a las funciones realizadas, mala infraestructura, insuficiente seguridad, tecnología obsoleta y ausencia de políticas de capacitación para mantener la empleabilidad de los trabajadores.

A pesar de ello, el sobreideologizado discurso neoliberal les impide darse cuenta que no hay mejor forma de aumentar la productividad de una nación, que teniendo trabajadores satisfechos y contentos; orgullosos de ser parte de las empresas en donde se desarrollan; capaces de dar a sus familias, mediante su trabajo, la calidad de vida con la que sueñan para sus seres queridos; con una inversión en capacitación y desarrollo permanente; y plenamente integrados a una sociedad que cuando esta en problemas, les pide sacrificios, pero que cuando le va bien, es capaz de hacer participar a todos de los beneficios propios de los tiempos de bonanza.

De más está decir que en nuestro país lo que caracteriza el clima laboral es precisamente lo contrario: estilos de liderazgo autoritarios, exclusión social y política, ambientes competitivos y completamente atomizados, malas o insuficientes condiciones de trabajo, largas jornadas laborales, poca o nula inversión en capacitación y desarrollo y miles de familias con una incapacidad permanente de proveer calidad a ellos y a sus hijos, todo ello coronado con sueldos y salarios que solo sirven para reproducir y aumentar la desigualdad.

Esto contrasta fuertemente con países desarrollados en donde se trabaja mucho menos, se gana mucho más y se asiste a una continua preocupación por el desarrollo de los trabajadores. Por lo mismo, en esas sociedades, en donde el Estado posee un mayor compromiso con sus ciudadanos desde la cuna, se produce casi tres o cuatro veces lo que se produce en nuestro país, en donde al igual que en la educación se espera que llegue la calidad y la productividad sin haber invertido nada en las condiciones necesarias para generarlas.

Daniel Jadue

Publicado en: El quinto poder 13.08.2010

Asegurar la calidad de la educación

En este caso, los clientes o destinatarios del sistema educacional corresponden a los directivos, docentes, codocentes, padres, apoderados, alumnos y a la sociedad en su conjunto, que son los miembros del sistema y aquéllos a quienes deseamos servir. Hablar de calidad entonces, sin las consideraciones anteriores, representa un ejercicio meramente retórico.

La educación suele ser mencionada como pilar para el desarrollo de las sociedades y la superación de la pobreza y la desigualdad en todos los discursos políticos y académicos de nuestro país. Para mejorarla, se está discutiendo una ley basada en un cuerpo de ideas creado precisamente para mejorar y asegurar la calidad de cualquier proceso productivo.

Lo lamentable es que nos hemos habituado a copiar modelos a medias, pasándolos por el cedazo de la ideología dominante, excluyendo de ellos toda exigencia a los sostenedores de la misma.

En este caso, se centra la preocupación en el control y la evaluación de los profesores, que actúan sólo en la fase final del proceso, sin asegurar la infraestructura y los recursos necesarios para el mismo y sin abrir espacios para discutir la política y las responsabilidades concurrentes de cada actor. Tampoco se discute con el cuerpo social el sentido y la visión del sistema educativo que necesitamos. La calidad, entonces, es entendida como fin y no como medio para el mejoramiento de la educación y el desarrollo de nuestra sociedad.

Como es sabido, la gestión de calidad se basa en hacer las cosas bien a la primera; realizando nuestro trabajo sin errores y a tiempo; dando a la siguiente persona en el proceso lo que requiere para realizar su parte del trabajo y, por sobre todo, satisfaciendo las necesidades y expectativas de los clientes del proceso, tanto internos como externos.

En este caso, los clientes o destinatarios del sistema educacional corresponden a los directivos, docentes, codocentes, padres, apoderados, alumnos y a la sociedad en su conjunto, que son los miembros del sistema y aquéllos a quienes deseamos servir. Hablar de calidad entonces, sin las consideraciones anteriores, representa un ejercicio meramente retórico.

Se afirma buscar calidad en la educación, pero sin la participación de los actores, lo que demuestra nula preocupación por los destinatarios internos y finales del proceso. Tampoco por las condiciones en que se desarrolla, ni que los recursos necesarios no estén disponibles o sean claramente insuficientes. Como si fuera poco, se plantea que primero debe llegar la calidad, para ser premiada luego con los recursos necesarios para lograrla.

Seguimos sin entender que tener a los profesores entre los profesionales peor pagados, con la presión de ser los únicos responsables de los resultados, es un mal camino para tratar de alcanzar la tan mentada calidad, sino el peor.

La ley debe ser transformada radicalmente, incorporando mecanismos y procedimientos para la participación de todos los miembros en las definiciones del sistema, ya que son la esencia del mismo y sólo su total implicación posibilitará que sus habilidades sean usadas para el beneficio de la sociedad y de los destinatarios finales, generando identidad e identificación con el sistema en su conjunto y con sus objetivos.

Resulta obvio que para asegurar la calidad de la educación deben asegurarse, de manera previa, las condiciones para desarrollar el proceso. Estos requisitos no deben estar condicionados a resultados, pues si las condiciones, como infraestructura, recursos, respeto y salarios dignos, son un premio por la calidad y no una condición para ella, jamás lograremos mejorar la educación.

Daniel Jadue
Arquitecto, sociólogo y candidato a magíster en Urbanismo de la Universidad de Chile. Integrante del Programa de Políticas Pública de la Academia de Humanismo Cristiano.
Publicado en: La Nación, 1 de Agosto 2010