Gustavo de Arístegui (La Nación 09/03/2007) hace una adecuada diferenciación entre los islamistas y musulmanes, atribuyéndole a los primeros una intolerancia religiosa que asocia con calificativos como bárbaros y fanáticos, mientras a la mayoría de los segundos les reconoce la condición de moderados que por cierto aborrecen la violencia.
Junto a estas novedosas categorías de análisis, el periodista define a falsos moderados como los más preocupantes, porque hablan un lenguaje pero practican acciones que no siempre coinciden con sus discursos.
Llama la atención que estas categorías las utilice sólo para clasificar a los seguidores de Mahoma, y no la haga extensible a los seguidores de Moisés y Jesucristo, como si en estas ideologías no existieran dobles discursos y mucho menos, gente fanática y bárbara.
Me hubiera gustado que el autor, cuando hace un llamado a los musulmanes moderados a asumir un mayor compromiso contra el fanatismo totalitario del islamismo, hubiera hecho lo propio con los judíos moderados frente al fanatismo sionista, y lo mismo con los cristianos moderados frente a los fanáticos como George W. Bush y José María Aznar y otros gobernantes, que en nombre de su dios han asesinado a miles de inocentes a lo largo de todo el mundo, incluso mintiendo y engañando a sus propios pueblos sólo para asegurar los objetivos estratégicos de las clases dominantes de sus países.
Daniel Jadue J.
Carta a La Nación










