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Hay un Mundo por Cambiar

LAS MUJERES AL PODER.

Cuando faltan 21 días para el cambio de mando, el país se encuentra literalmente embelezado por tener a la primera presidenta de Chile y de América del Sur. Como si lo realmente importante fuera el género de un presidente o presidenta y no su programa de gobierno. Muchos olvidaron ya a Margaret Tatcher, Golda Meir y otras goberantes, que lejos de hacer buenos gobiernos han animado algunas de las páginas más negras de la historia universal, siendo mujeres. Sin embargo, el avance formal del género femenino, pareciera ser un signo de los tiempos, como pretenden algunos, lo que demostraría que Chile ingresa de forma madura al siglo XXI y se acerca a pasos agigantados al mundo desarrollado.

Bachelet ha sido elegida acompañada de promesas electorales que a poco andar se irán diluyendo en Chile real, ese que aunque tenga una mujer presidenta remunera a las mujeres con un 30% menos de salario a trabajos iguales. Ese país en donde las mujeres no tienen derecho a sala cuna para sus hijos y mucho menos, derecho a un trabajo digno, seguro y estable. Para qué hablar de pensiones justas y de reconocimiento al trabajo que ellas realizan de manera silenciosa todos los días en sus casas; para qué hablar de tener derecho a decidir de manera informada y libre acerca de su vida sexual y reproductiva; para qué hablar, por último, de ese derecho tan básico a no ser discriminadas y a ser tratadas como iguales en cualquier espacio familiar o social.

En ese Chile, la principal propuesta que hemos escuchado es la tan manoseada paridad, es decir, que en la distribución de las cuotas de poder que el modelo otorga a quienes lo administran, se repartirán los cargos por igual entre hombres y mujeres, como si construir un país con igualdad de género significara solamente empatar en la repartija de las cuotas de poder.

Es de esperar que las tremendas expectativas que se han generado en este nuevo cambio, que sin duda se hace para que muchas cosas sigan igual, al menos se avance en los temas que coparon una vez más la discusión electoral, como la justicia social, la democracia real, la equidad, los derechos laborales, la educación, la salud y el desarrollo sustentable; y no nos encontremos en cuatro años más enfrentados al mismo chantaje burdo de que a pesar de no estar satisfechos ni contentos por lo realizado se nos llame a votar por unos defensores del modelo para parar a otros defensores del modelo con el pretexto del peligro de volver adonde claramente nadie en este país desea volver. En esta vuelta la concertación tiene mayoría en las dos cámaras y ya no habrán excusas para encubrir la falta de voluntad política ni la adhesión al modelo que algunos pretender disimular.

Es de esperar que en cuatro años más el temor deje de ser el poder detrás del poder y hayamos recuperado al menos el derecho a pensar y a soñar un modelo distinto al que nos legó la dictadura y que con tanta eficiencia habrán administrado, a esa altura, durante 20 años, los gobiernos de la Concertación.