El campo y las zonas rurales producen todo lo que la gran ciudad necesita para vivir y no pide nada a cambio. Quienes trabajan en él, se relacionan de igual a igual con la naturaleza porque se sienten parte de ella misma. Su forma de vida nada tiene que ver con la Gran ciudad a la que mantienen y alimentan. No conocen el stres, la competencia por sobrevivir ni la angustia de no saber que va a ser de uno el día siguiente. No conocen la contaminación, ni el polvo en suspensión, ni el ruido ensordecedor de la Gran Ciudad y tampoco entienden a quienes viven en ella sometidos a un ritmo ajeno a la naturaleza, un ritmo cuyo eje central es la producción y el consumo. Si queremos generar en Chile un modelo de desarrollo Sustentable que proteja el derecho de las futuras generaciones a satisfacer sus necesidades y a disfrutar de un medio ambiente limpio y seguro, tenemos que proteger nuestra zonas rurales y dotarlas de todo lo necesario para elevar su calidad de vida y sus perspectivas de desarrollo. Debemos asegurarles a las familias que viven en el campo el trabajo digno y bien retribuido, el acceso a la educación y a la cultura; los servicios básicos que permitan un desarrollo integral y una vida sana y segura para sus hijos. Solo así detendremos el paulatino abandono de nuestras tierras y podremos seguir disfrutando sin vergüenza de todo lo que el campo nos entrega.
Porque Juntos Podemos desarrollar y defender el campo, darle la vida que se merece a quienes viven en él y detener la emigración… Ni Derecha, ni Concertación.
















