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Hay un Mundo por Cambiar

Recordando el Holocausto

El 26 de Octubre de 2005, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la designación del 27 de enero de cada año como el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto.

Desde entonces, enero se ha transformado en un mes para recordar ese crimen horrendo que nadie puede ni debe negar.

Los estados que aprobaron dicha resolución, aprovecharon de condenar “sin reservas” toda manifestación en contra de personas o comunidades sobre la base de sus orígenes étnicos o sus creencias religiosas.

A pesar de lo correcto de la medida, resulta increíble que debieran pasar 60 años para que las Naciones Unidas tomaran una medida que habría sido mejor recibida si hubiera llegado el mismo día y año de cometidos los crímenes contra la humanidad a los que se refiere.

Extrañamente, también por estos días se recuerda un año más del genocidio llevado cabo por el Estado de Israel en Gaza durante diciembre de 2008 y enero de 2009 y sin embargo, ningún medio de comunicación ha hecho siquiera una sola mención a lo de Gaza, a tan sólo tres años de ocurridos los hechos.

Lo anterior resulta particularmente extraño si consideramos que lo de Gaza se enmarca dentro de una política sistemática y permanente de exterminio físico y político de un pueblo entero, que dura inexplicablemente casi los mismos 60 años.

De hecho, resulta paradójico que durante los 62 años siguientes al Holocausto, todos los días de cada año y todas las horas de cada día, la comunidad internacional siga siendo testigo mudo y cómplice de otro holocausto similar a aquel que inspiró dicha decisión.

Yo, en lo personal, cada día de cada año de los que tengo memoria, vengo preguntándome hasta cuándo el holocausto nazi servirá de aval al sionismo y al Estado de Israel para perpetuar sus crímenes contra el pueblo palestino, cuyo único delito ha sido estar en el mismo lugar por los siglos de los siglos.

Lo más patético, sin embargo, es que quienes cometen hoy estos crímenes se digan descendientes y herederos de las víctimas de ayer y utilicen sus nombres y su propio dolor, para justificar el mismo patrón de comportamiento, las mismas mentiras y la misma política de exterminio contra otro pueblo, esta vez, más débil que ellos.

Afortunadamente, muchos amigos judíos y anti sionistas me recuerdan a diario que Israel no actúa, por más que lo repita, sin vergüenza alguna, en nombre de los judíos esparcidos por toda la tierra, sino en nombre del sionismo, que ha intentado durante años apropiarse de la historia judía para esconder tras ella, toda la crueldad y la vileza de Israel, de sus autoridades y de sus acciones.

Afortunadamente con ellos, amigos entrañables, nos preguntamos a diario y sin hipocresía de por medio, cuántos años más hará falta para que todos los falsos dioses y sus seguidores en la tierra se convenzan de que no hay nada, ni nadie que justifique lo que los nazis hicieron con los judíos y tampoco lo que Israel hace con los palestinos.

Lamentablemente, no existen por ahora en la comunidad internacional ni en Medio Oriente líderes con cojones y con voluntad de superar esta hora maldita que viven nuestros pueblos, hace ya tantos años.

Lamentablemente, en ambos lados existen más líderes dispuestos a conducir a sus pueblos hacia la solución final que algunas mentes afiebradas proponen, antes que enfocarse decididamente a la tarea de construir una sociedad nueva para todos y todas.

No faltarán quienes levanten su voz horrorizados por mi singular comparación.

No faltarán quienes me acusarán de neonazi y de antisemita por decir que me da pena y vergüenza el solo imaginarme a las víctimas del nazismo revolcándose en sus tumbas al ver lo que los sionistas han hecho en su nombre, con los palestinos.

Mi conciencia, en todo caso, está tranquila, porque no creo en ninguna promesa divina. No creo que bienaventurados sean los que sufren y que luego de muertos serán recompensados. Tampoco creo que una guerra pueda ser santa. Mucho menos, después de ver las atroces consecuencias de las mentiras con que suelen justificarse todas las batallas que solo sirven para enriquecer a los que lucran con la muerte.

Tampoco creo que algún dios haya puesto los bienes en la tierra solo para el 5% de la población mundial mientras el 70% no puede satisfacer sus necesidades básicas ni vivir dignamente.

Es de esperar que más temprano que tarde aparezcan, en ambos bandos, líderes de la talla de aquellos pocos que han sabido conducir a sus pueblos por los caminos de la paz, de la justicia y la libertad, basada en principios y valores y no en el poder del dinero y la subordinación ciega de unos a otros.

No tengo duda que tendrán que venir desde aquellos partidos laicos capaces de entender que el futuro de ambos pueblos está indisolublemente unido y que se requiere avanzar hacia un estado binacional capaz de acoger por igual y sin discriminación a judíos, cristianos, musulmanes, agnósticos y ateos.

Un Estado verdaderamente humanista, sin discriminación de ningún tipo, en donde el nazismo, el apartheid y el sionismo; donde la pobreza y el hambre; donde la enfermedad, el derroche y la escasez, sean solo un mal recuerdo y un ejemplo de aquello que los seres humanos deben superar como especie para mirar con algo de esperanza el futuro.

En definitiva, un Estado para cualquier hombre o mujer libre de pensar y vivir como quiera, pero en un estado modelo, democrático e igualitario, comprometido con la defensa y el respeto irrestricto de los derechos humanos y capaz de extender la ética discursiva a las relaciones entre la especie humana y entre ésta y el medioambiente del cual es parte.

Solo así tendremos una paz justa y duradera. Solo así generaremos un desarrollo sostenible. Solo así podremos mirar a los ojos con absoluta tranquilidad a las generaciones futuras, partiendo, por supuesto, por nuestros hijos.

Publicado en Cooperativa 

Equidad territorial, tarea pendiente

En los últimos 30 años nuestras ciudades han crecido bajo un patrón guiado casi exclusivamente por el mercado.

El uso del suelo, como rezaba la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979, ha sido definido exclusivamente por la rentabilidad de la tierra y los territorios se han segmentado de manera radical, generado barrios para ricos, barrios para la clase media y barrios para pobres.

Consecuentemente, cada barrio ha sido diseñado y construido con estándares de espacios públicos que están íntimamente ligados a los distintos niveles socioeconómicos, generando barrios con amplias calles y avenidas arboladas; con sus veredas iluminadas y en perfecto estado; rodeados de áreas verdes y plazas activas para el esparcimiento y la recreación de todos sus habitantes.

En el otro extremo están los barrios con pequeñas calles en donde ni siquiera se pueden estacionar los vehículos porque si lo hacen impiden la circulación; con un deterioro creciente y sin mantención alguna; sin veredas ni iluminación; rodeadas de sitios residuales, algunas veces disfrazados de áreas verdes y otras, consolidadas como tierrales que en verano generan polvo y en invierno se convierten en barro, esperando eternamente la consolidación de áreas verdes que cuando se materializan, muchas veces no gozan siquiera de los atributos mínimos para ser consideradas como tales.

Para completar el cuadro, cada barrio se ha terminado de consolidar atrayendo la oferta de bienes, productos y servicios que el poder adquisitivo de quienes viven en ellos puede pagar, obteniendo como resultado barrios en donde hay de todo y al alcance de la mano, mientras en el otro extremo, en donde viven los pobres, no hay casi nada y para acceder a aquello que los habitantes requieren deben concurrir a pequeños almacenes de barrio, normalmente más caros, o ir en busca de ello mediante largos y tediosos desplazamientos.

Lo anterior se ha visto agravado por el repliegue planificado del Estado en lo que a proveer los servicios básicos asociados a derechos universales se refiere, como son la salud, la educación, el transporte, el esparcimiento y la cultura, lo que ha significado un incremento sostenido de los viajes que los habitantes de las comunas periféricas deben realizar diariamente para satisfacer sus necesidades básicas y aquello que siendo un derecho universal, en nuestro país se considera un bien de mercado.

Esto ha llevado a que más del 30% de los viajes diarios, se realicen para ir en búsqueda de servicios públicos como salud y educación, servicios que en cualquier ciudad justa debieran estar al alcance de una caminata de no más de 10 a 15 minutos.

En este contexto ha surgido una ciudad dicotómica en donde coexisten sin toparse, el derroche y la escasez; el ocio y la supe explotación; la salud y la enfermedad; las plazas activas, llenas de juegos y vida, por un lado y las áreas cafés y las calles consolidadas como el lugar de esparcimiento de los más pobres, por el otro; el acceso rápido y expedito a todo lo necesario, por un lado y el aislamiento y el abandono, por el otro.

Todo lo anterior ha consolidado la percepción sobre la existencia de una de sociedad profundamente desigual, que se ve fielmente reflejada en una ciudad fragmentada donde unos pocos tienen todo lo necesario y mucho más y la gran mayoría vive en la incertidumbre, con una mala calidad de vida y rodeados de problemas sociales como el desempleo, el alcoholismo, la drogadicción, el micro tráfico, la violencia intrafamiliar y la desesperanza aprendida, que es el inicio de un ciclo en donde la cuna termina definiendo el curso de la vida y muchas veces también, el tipo y la oportunidad de la sepultura.

Ahora bien, si el Estado, a través de las políticas públicas, no es capaz de hacer frente y superar los problemas antes mencionados avanzando de manera decidida hacia la equidad territorial, continuaremos alimentando el desprestigio y la falta de credibilidad de nuestras instituciones y se corre el riesgo de que la violencia se potencie como forma de resolver determinados conflictos y carencias, corriendo el riesgo de orientar el desarrollo de nuestras ciudades por el camino de un sumidero comportamental(1).

Resulta evidente entonces que de no cambiar radicalmente la forma de entender y de abordar la falta de equidad, seguiremos obteniendo resultados idénticos a los obtenidos en estos últimos 30 años y resulta increíble, por lo menos en los días que corren, que el remedio pueda venir desde donde vino la enfermedad.

Daniel Jadue

(1) Sumidero comportamental :En su libro “La Dimensión Oculta”, Edward T. Hall nos entrega luces acerca de las consecuencias potenciales de incrementar significativamente la densidad habitacional de las manadas de ciertos animales, logrando establecer que la falta de espacio vital conlleva un deterioro creciente y progresivo en la interacción entre los distintos componentes de cada grupo social en las especies, llegando a determinar trastornos de importancia en la construcción y en la mantención del hábitat; en el comportamiento sexual, en los niveles de violencia desusada; en las pautas de reproducción, en la distribución de roles y en la organización social.

Publicado enCooperativa

Mesa de diálogo: Elecciones Municipales

Cristóbal Bellolio y Daniel Jadue son los invitados de esta “Mesa de Dialogo”. Juntos realizan una evaluación de este convulsionado 2011, crisis estudiantil, nuevos referentes políticos, elecciones en la FECH y elecciones municipales 2012. Ambos levantan sus candidaturas a alcalde por Providencia y Recoleta.

Las inconsistencias de la Comunidad

La Comunidad Ecológica de Peñalolén ha desarrollado en el último tiempo, una furiosa campaña en contra del Plan Regulador Comunal que el municipio, encabezado por Claudio Orrego, pretende aprobar mediante un plebiscito el próximo once de diciembre.

Se han aprovechado para ello de la presencia y los contactos que poseen en algunas organizaciones ciudadanas, en medios de comunicación y en el ambiente del espectáculo, sin transparentar, por supuesto, los reales intereses de quienes lideran esta campaña.

Se suman así, a un pequeño grupo de sujetos que, haciendo gala de la más vergonzosa falta de ética, han pretendido detener uno de los proceso más participativos de planificación territorial que podamos recordar en nuestro país, mediante una serie de mentiras que han ido instalando en la comuna, para defender y afianzar sus mezquinos intereses.

De hecho, uno de los argumentos que más se da en la discusión es que este Plan no deja espacio para la vivienda social en la comuna, como si los planes reguladores comunales tuvieran atribuciones para definir, mediante la zonificación y su ordenanza, el resguardo de terrenos para dichos fines, lo que es total y absolutamente falso.

De hecho, quien lo plantee, no solo miente, sino que tampoco sabe hacia dónde apuntar, para lograr viviendas sociales dignas para los sectores populares de nuestro país.

Otro argumento que se ha dado es que este Plan regulador Comunal está hecho para las inmobiliarias, lo que se contradice con la realidad, pues lejos de generar mayores oportunidades de negocios, mediante los usuales aumentos indiscriminados de densidad habitacional, la propuesta baja la densidad media de la comuna, con acotados incrementos que buscan asegurar la oferta de viviendas para todos los peñalolinos, por una parte, y que la comuna aproveche de manera óptima la nueva infraestructura de transporte con la que cuenta (METRO Y VESPUCIO), por otra.

A estos argumentos sin fundamento real, se suman algunos de carácter legal de tipo exclusivamente administrativo, que se han difundido bajo una supuesta inviabilidad ambiental del Plan, ocultando las verdaderas razones de los obstáculos que ha tenido que enfrentar el mismo y que se deben, fundamentalmente, a que nuestros legisladores no previeron los necesarios espacios de transición entre los procedimientos de aprobación ambiental antiguos y nuevos, para asegurar la continuidad de los procesos que se habían iniciado antes de los cambios legales, generando una serie de problemas administrativos, millonarias pérdidas para el país y un importante retraso en los ejercicios de planificación en curso a lo largo y ancho del territorio nacional.

Como si fuera poco han acusado al municipio de querer desmantelar y hacer desaparecer a la “comunidad” sin aceptar que todos los cambios que se proponen, están en terrenos que no forman parte de la misma, que los terrenos en que se cambian las condiciones de construcción no alcanzan al 7% de su superficie y que los propietarios de dichos terrenos, tienen promesas de compraventa firmadas hace ya mucho rato, pues no les interesa ser parte de eso que llaman “comunidad”.

Las razones de fondo, sin embargo, parecen ser otras.

Por una parte, pretenden evitar, a toda costa, la instalación de una franja residencial de baja densidad en uno de los límites de la comunidad, para que no se ponga en peligro, dicen ellos, la forma de vida de la misma.

Lo que no dicen, es que no desean más viviendas sociales cerca de sus condominios, relativamente exclusivos y por ello han iniciado una campaña vergonzosa para instalar la idea de que la nueva ordenanza, mediante algunos de artículos de la ley General de Urbanismo y Construcciones, que permiten promediar las densidades de distintas zonas contiguas, que convergen dentro de un sitio, permitiría construir condominios exclusivos y no vivienda social

Lo que no dicen, es que la nueva ordenanza, que efectivamente permitiría lo anterior, no hace más que consolidar, en los terrenos supuestamente afectados, la situación innegable hoy en día al interior de la comunidad, en donde existen predios que, absolutamente fuera de la ley, poseen más construcciones de las permitidas, operando en la realidad como verdaderos condominios, similares a aquellos que dicen querer evitar.

De hecho, más del 50% de las construcciones que existen en la comunidad, no son legales, no pagan contribuciones y debieran ser demolidas para proteger la forma de vida de aquello que llaman “comunidad”.

La nueva ordenanza, en cambio, permite, en los terrenos supuestamente afectados, que los residentes regularicen las eventuales situaciones ilegales que pudieran existir, por no contar con los permisos municipales con los que todas las construcciones existentes en zonas urbanas deben contar, a no ser que los residentes de la “comunidad” se sientan ciudadanos de una clase distinta a la de todos los demás.

Así las cosas, más que un conflicto, los cambios propuestos por el nuevo Plan regulador Comunal, debieran representar, para algunos, una tremenda e histórica oportunidad de regularizar su situación.

Lo anterior, sin mencionar que llama profundamente la atención que alguien piense, que es malo para otros lo que es bueno para ellos, lo que debe invitar a reflexión y a poner en tela de juicio las verdaderas intenciones de los numerosos y sistemáticos intentos para hacer fracasar un proceso de Plan Regulador que ha pretendido, a todas luces, lograr un adecuado equilibrio entre los intereses públicos, privados y comunitarios, sin poder darle el gusto a nadie en un 100 % de sus demandas, proyectando los cambios que la comuna necesita para los próximos treinta años.

Publicado en Radio Cooperativa

¿Chile, país solidario?

Estamos a pocos días de reeditar un capítulo más de la colecta nacional más grande de Chile. A medida que se acerca el evento central, asistimos en paralelo a un sinnúmero de acciones, declaraciones y hechos noticiosos que pretenden resaltar lo solidario que, se supone, es nuestro país.

Programas especiales, reportajes de prensa, comerciales invitándonos a consumir aquellos productos que “apoyan a la Teletón”, nos hablan de las actitudes heroicas de quienes, como verdaderas excepciones a la regla, logran salir adelante gracias a la supuesta solidaridad, característica supuestamente común a todos los chilenos y chilenas, que ha permitido mantener en el tiempo la gran obra de la Teletón.

Sin embargo, muchos de los conflictos sociales que se dan hablan de una realidad distinta.

Por lo mismo, quiero aprovechar la oportunidad para reflexionar acerca de esa idea que pretende instalar como hecho cierto, el que Chile sea un país solidario, exponiendo de manera general, todo aquello que en mi parecer, dice exactamente lo contrario.

Para mí, un país solidario es el que estructuralmente opta por hacerse cargo de manera colectiva y a través de su ordenamiento jurídico de los temas que dicen relación con los derechos humanos básicos, consagrados en la declaración universal de derechos humanos, velando por el desarrollo de una sociedad más integrada e igualitaria, en donde todos y todas vivan con dignidad.

Es un país en el que nadie debe depender de la caridad privada, tan esquiva en tiempos de crisis, para resolver sus problemas más elementales, pues el colectivo dispone de una serie de medidas y dispositivos sociales para hacerse cargo de esos problemas, o simplemente, para que ellos no existan.

Un país solidario, por ejemplo, es aquel que opta por mantener un sueldo mínimo que permita a las familias cubrir sus necesidades básicas sin tener que recurrir al sobreendeudamiento, con el que, incluso cuando de su consumo básico se trata, los grandes empresarios puedan hacer su utilidad.

Un país solidario es aquel en que los beneficios del aparato productivo, son repartidos entre los que aportan el capital, los medios de producción y el trabajo de manera más equitativa y en donde los sistemas de salud y educación pública suelen ubicarse entre los mejores disponibles y no son, como en nuestro país, los responsables de reproducir y acrecentar las diferencias sociales, generación tras generación.

Un país solidario se aboca permanentemente a disminuir la pobreza de manera estructural, no inflando de manera artificial los ingresos familiares mediante subsidios focalizados, ya que basta el más mínimo desastre natural o la menor de las crisis del capitalismo para que los que salen de la pobreza, gracias a ellos, vuelvan a reinstalarse entre los pobres, porque en realidad, no tienen herramientas para superar definitivamente su problema de marginalidad social.

De hecho, por eso, en los países que son de verdad solidarios, las utilidades promedio de las empresas son menos de la mitad de las que arrojan las cifras de nuestro país y los sueldos de los trabajadores, que incluso trabajan menos que en nuestra patria, tienen un poder adquisitivo significativamente mayor.

Por eso, en los países solidarios de verdad, no se necesiten teletones en donde los grandes empresarios salgan ofreciendo regalar una frazada por cada frazada que sus clientes compren, ni regalen una mínima parte de sus utilidades anuales para dar muestras de blancura, después de años de construir su riqueza a costa de pagar a sus trabajadores mucho menos de lo que vale su trabajo.

Por eso que los trabajadores de los países solidarios pueden, con sus mismos salarios y con la red de protección social del estado, financiada con una estructura tributaria verdaderamente solidaria, enfrentar no solo la discapacidad, sino también cualquier desafío que la vida les depare.

Quizá sea por eso que en los países de verdad solidarios, las cárceles se están quedando vacías y los pobres no roban cuando hay un desastre, porque pueden resolver sus problemas con lo que el ordenamiento jurídico de sus países les asegura.

De la misma manera, los que tienen, tampoco roban ni engañan a la sociedad falseando contabilidades o defraudando al fisco pues tienen cultura y se sienten parte integrante de un cuerpo mayor de la cual todos formamos parte.

Es cierto que en nuestra sociedad existen numerosas muestras de una subcultura solidaria, que permanece dormida, sobre todo en los sectores populares, y que se manifiesta en forma de ollas comunes y actividades solidarias, porque están acostumbrados a resolver por ellos mismos y de manera colectiva, lo que nuestro país no aspira a resolver de manera estructural como sociedad.

También es cierto que existen instituciones que aspiran a enseñar e instalar la caridad privada como herramienta fundamental para combatir la pobreza y el sufrimiento de los que menos tienen.

En todo caso, ninguna de ambas puede confundirse con todo aquello que, desde mi perspectiva, define a un país solidario, realidad de la cual, nuestro país, no puede estar más alejado.

Publicado en Radio Cooperativa

Entrevista en Canal RT sobre los rumores de la salud del Presidente Chávez

Los medios de comunicación norteamericanos han vuelto a publicar que el presidente venezolano podría no presentarse a los próximos comicios por su enfermedad. Sin embargo, algunos expertos han tachado de difamadora esta información.

El diario Wall Street Journal asegura que el cáncer que padece el mandatario venezolano se ha expandido a los huesos. Por lo que su estado debería ser, supuestamente, mucho peor de lo declarado. No obstante el mismo líder destaca estar bien de salud tras su operación de junio cuando le eliminaron el tumor de la pelvis.

El sociólogo y analista político Daniel Jadue cree que estas insinuaciones sobre el malestar de Chávez podrían ser parte de un complot contra él orquestado por EE. UU.

“Creo que la posibilidad de que EE. UU. esté detrás de cualquier rumor es siempre una posibilidad real. Creo que algunos todavía están buscando armas de destrucción masiva en Irak y efectivamente nunca existieron”, considera el experto.

“Uno percibe que en el manejo de las comunicaciones no hay ética, sino que hay sencillamente intereses, y los rumores que se hacen circular están siempre interesados por la necesidad de provocar un determinado impacto en el lugar donde están generando estos procesos. Creo que sí podría haber un complot perfectamente como lo ha habido en otras partes del mundo. Nosotros ya no podemos ser tan ingenuos de pensar que aquí todos actúan en virtud del principio de valores, que a EE. UU. no le importaba la democracia y no le importan los derechos humanos”, opina Daniel Jadue.

Publicado en Televisora RT

El Primer Café: La jubilación de los chilenos

Este martes en El Primer Café de Cooperativa estuvimos con Rodrigo Delaveau y Andrés Palma para hablar de la jubilación de los chilenos y la crisis en la educación en Chile.

Entrevista en CNN Chile: “La Asamblea General nos podría aceptar como Estado observador”

En entrevista en CNN me referí a la petición de las autoridades palestinas para ser reconocidos como Estado.

Palestina ya no puede esperar

Luego de 20 años de infructuosas negociaciones directas e indirectas, Palestina ha decidido acudir a Naciones Unidas para pedir ser aceptado como un Estado más de la comunidad Internacional, dentro de las fronteras de 1967, esperanzada en poner así, al menos desde la perspectiva jurídica, un coto al expansionismo insaciable del Estado de Israel.

Lo ha hecho, por una parte, por la nula disposición de la potencia ocupante a avanzar en un proceso de paz que, en lo fundamental, tenía que ver con buscar la forma de poner término a la ocupación, para dar paso a una paz justa y duradera basada en el concepto de “dos estados para dos pueblos”.

Dentro de las garantías básicas con las que Israel debía contribuir a la construcción de confianzas, se encontraban la paralización total de cualquier actividad tendiente a ampliar los asentamientos ilegales y la disminución de los puestos de control que limitan drásticamente la libertad de movimiento de los palestinos en su propia tierra.

18 años después de iniciado dicho proceso, los colonos ilegales en los territorios palestinos se han multiplicado por tres y los puestos de control, casi por cinco.

Como si fuera poco, Israel ha construido un muro de segregación que además de ilegal, se encuentra, en más de un 70% de su trazado, sobre territorio palestino, separando a los palestinos de los mismos palestinos.

Así, lejos de prepararse a poner término a la ocupación, lo que Israel ha estado haciendo durante los últimos 18 años, ha sido ganar tiempo para provocar cambios demográficos sobre el territorio, que hagan cada vez más inviable la solución de dos Estados, dándole continuidad a su política de exterminio físico y político del pueblo palestino, por una parte, mientras por otra prepara el camino para la anexión de quién sabe cuánto territorio más, del 22% restante de la Palestina histórica.

Palestina ha decidido acudir a Naciones Unidas, además, por la evidente, inaceptable y vergonzosa parcialidad de quienes debían actuar como mediadores imparciales en el proceso.

Ello, porque  todo lo anterior se ha hecho bajo la mirada cómplice de EEUU y una parte de Europa, que han seguido financiando la ocupación, mientras tienden un manto de impunidad sobre los constantes y sistemáticos crímenes y violaciones de Israel contra los palestinos, el derecho internacional, los derechos humanos y el derecho colectivo de los pueblos.

Para colmo, han promovido la normalización de las relaciones entre la comunidad internacional y la potencia ocupante, firmando tratados de libre comercio y entregándole un status de nación privilegiada en diversos foros internacionales, eximiéndole completamente de cumplir con las obligaciones mínimas de cualquier estado miembro de dicha comunidad.

Por supuesto la ofensiva diplomática palestina ha generado airadas reacciones de los hipócritas de siempre.

Sus argumentos han girado en torno a un supuesto rechazo a toda acción unilateral que dificulte las negociaciones y persiga aislar a Israel.

Extrañamente, estas reacciones provienen de los mismos países que han permitido, durante décadas que Israel, unilateralmente, haya continuado con su política de exterminio y expansión, con la destrucción de viviendas palestinas, con el castigo colectivo, con las ejecuciones extrajudiciales y con la construcción de asentamientos ilegales en Palestina ocupada, de manera inalterable, prepotente y arrogante.

Lo que los palestinos piden hoy no es nada más ni nada menos que lo que el derecho internacional les reconoce como derecho inalienable e imprescriptible, desde hace más de 43 años.

Lo que los palestinos piden hoy, mientras EEUU e Israel lo rechaza con tanto encono, es lo consignado en innumerables resoluciones del mismo organismo que dio luz verde al nacimiento de Israel en la tierra de los palestinos en 1947.

Lo que los palestinos piden hoy, es su derecho irrenunciable al retorno, a la autodeterminación y al establecimiento de un Estado Independiente en el 22% de la Palestina Histórica, con Jerusalén Oriental como Capital.

Cualquiera que se niegue a dicha solicitud o se abstenga de emitir un apoyo explicito a la misma, simplemente estará premiando la ocupación, amparando el expansionismo israelí y convirtiéndose en cómplice de las constantes y sistemáticas violaciones a todos y cada uno de los derechos humanos, por parte de Israel.

Ha llegado el momento de que la comunidad internacional de un giro sustancial en su actitud hacia Israel y la cuestión de Palestina.

Si se sigue actuando como en los últimos 43 años, seguirá obteniendo los mismos resultados y en veinte años más, no habrá nada que negociar ni nadie con quién hablar de paz, pues volver a la mesa de negociaciones en las condiciones actuales, es como si un ser humano completamente desarmado e indefenso pretendiera negociar con alguien armado hasta los dientes, la devolución de una manzana robada, mientras quien la tiene, se la sigue comiendo, a vista y paciencia de los únicos que pueden, pero no quieren detenerlo.

Publicado en Radio Cooperativa

Entrevista en la Radio del Sur

Entrevista en el programa “La Patria es America” transmitido todos los martes en “La Radio del Sur” donde hablamos sobre el derecho que tiene Palestina de establecerse como un Estado soberano e independiente, el reconocimiento en la ONU, y sobre las movilizaciones sociales, las movilizaciones estudiantiles y el conflicto Mapuche.

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